Natalio Lorenzo, uno de los integrantes de la plantilla del Tenerife que bajó a Segunda B en 2011, encontró la gloria que no tuvo en aquel momento en el Heliodoro al marcar un golazo, con conducción y golpeo directo a la escuadra en el minuto 88, cuando los blanquiazules trataban de liquidar un partido que había tenido casi de todo, la expulsión de Fabricio en la misma jugada del primer tanto local, anotado por Gastón, la reacción del Avilés a la vuelta del descanso, un penalti anotado por Gallego en plena efervescencia tinerfeña con el inconveniente de la inferioridad, y el hiriente latigazo del veterano delantero del conjunto asturiano.
El partido empezó a coger camino a partir del minuto 10 después de un arranque tan revuelto como el tiempo. El Tenerife quería pero no podía y el Avilés demostraba que no se iba a conformar con proteger el resultado inicial. En ese tira y afloja, un resbalón de José León en una zona de baja influencia, agitó la ventosa noche. Santamaría aprovechó el error y enfiló el pasillo hacia la portería, donde esperaba un salvador Dani. Solo ante el peligro. El delantero optó por intentar picar el balón y el guardameta levantó el brazo para desviar la trayectoria.Ovación para el gijonés. Una más. Merecida.
Sobresalto inicial
El accidental sobresalto reactivó al Tenerife. Los blanquiazules captaron el mensaje y pisaron el acelerador dispuestos a empezar a mandar de una vez por todas, a generar en el campo contrario. Y no tardaron en acercar el partido al guion esperado, con una mayor exigencia para la línea defensiva del Avilés. Sin Nacho Gil, ausente por segunda jornada consecutiva por unas molestias musculares, y con Fabricio realizando la función del valenciano, como en la visita al Arenteiro. Y también con Alassan. El extremo fue la única novedad de un once del que había salido Noel.
Así, con la paciencia que había pedido Álvaro Cervera en la víspera, sin prisas y sin pausa, el Tenerife comenzó a mover el balón en el campo contrario, tratando de establecer conexiones, cruzando pases, ensanchando, probando con la velocidad de Alassan y las ayudas de César como lateral profundo... Y en una de esas, Gallego controló en el pico del área pequeña y armó un remate que terminó con el balón estrellándose en el palo (20’). Contundencia sin la suerte necesaria en el primer remate.
Gol y expulsión
El plan de los blanquiazules siguió madurando a partir de ahí. El equipo de Cervera recuperaba una y otra vez en la mitad del terreno avilesino, con Aitor como imán, con robo y pase, intuyendo siempre dónde poner su red. La situación ya parecía controlada. El Avilés no se estiraba, se limitaba a conservar el orden y a tapar vías de acceso. Y lo hacía con cierta soltura ante un Tenerife que no terminaba de cerrar una jugada de ataque redonda. Merodeaba, rondaba, rozaba... Pero le faltaba finalizar. Hasta que lo hizo Fabricio en el minuto 35 para colar el balón en la meta después de un paradón de Álvaro para despejar en corto un cabezazo cercano de Valles, a pase de César desde la banda. La celebración se enfrió enseguida por la señal del árbitro de que el tanto no debía valer. Supuestamente por una falta del brasileño sobre Adri Gómez. Pero todavía quedaba la comprobación de lo sucedido en la pantalla. Y ahí se lió todo. Una de cal y otra de arena. Porque el colegiado tomó la decisión de conceder el 1-0 y, además, de mostrarle a Fabricio la tarjeta roja. Se supone que el remate de Gastón sí había rebasado la línea antes de que interviniera Álvaro y que Fabricio golpeara a Adri con la sorprendente consecuencia de su expulsión. Raro. Pero así continuó el partido, con la ventaja para los tinerfeños en el resultado pero no en el número de jugadores sobre el campo. El descanso llegó como una oportunidad para ordenar las ideas.
El escenario era nuevo para el Tenerife, no por ir venciendo, que ha sido lo habitual -de 19 veces que se adelantó, ganó 18 y empató una–, sino por tener que jugar con un futbolista menos. Su expediente de expulsiones estaba limpio.
Cervera no dejó pasar la oportunidad para adaptar la alineación a la situación de inferioridad numérica. Quitó a Gastón y puso a Noel. En resumen, dos líneas de cuatro y Gallego solo en punta.
La segunda parte nació con otra tendencia. Dominio visitante y una actitud más conservadora, y comprensible, de los locales. La valentía premió al Avilés enseguida, en el minuto 47. Pérdida de Alassan y fase ofensiva con valor gol. La pelota voló de un costado al otro y lo cazó por alto Berto Cayarga para batir aDani, pillado a contrapié.
Como se suele decir en estos casos, partido nuevo con margen por delante, un diez para once con el Tenerife picado y el Avilés convencido. Un reto inusual para el líder.
Empuje tinerfeño
La respuesta fue prometedora, dadas las circunstancias, un remate flojo de cabeza de Gallego, uno alto con la pierna de Juanjo, una volea de David tras una conducción de César... El Tenerife se puso en su sitio e igualó fuerzas.
Y para que no se apagar la llama, Cervera introdujo otro cambio a la hora. Prescindió de Alassan y buscó algo distinto en la banda derecha con Dani Fernández, que llevaba sin jugar desde noviembre.
A todo esto, el Avilés aguardaba su momento. Estaba al acecho dándole valor al 1-1 pero sin renunciar a ejecutar algún contragolpe. Sin llegar a tanto, en una falta, Dani volvió a emerger para sacar un balón que iba para dentro.
Y a renglón seguido, gol de Aitor. Golpeo raso desde la frontal del área y balón al palo y a la red (66’). La euforia del capitán y de todo el estadio se apagó enseguida. Pol Arenas había visto una falta previa de Gallego sobre Babin. Nada. 1-1.
El efecto Heliodoro ya había entrado en escena, con lo que eso representa. Llamada a la épica, arreones, la búsqueda del gol por empuje, por insistencia... Y a ese ritmo, el Tenerife es mucho Tenerife, incluso con diez jugadores. Por eso no fue nada injusto que llegara el 2-1. Lo anotó Gallego en el minuto 76 gracias a un penalti cometido por Christian Rivera sobre el propio ariete catalán. El problema había pasado a un Avilés desconcertado por la reacción local.
Natalio Lorenzo
Lo más difícil ya estaba hecho. Iba a ser cuestión de gestionar la recta final. Pero, sin Aitor ni Enric en el campo, sustituidos por Ulloa y De Miguel, al partido aún le quedaba un giro más, y con un componente especial, el golazo del exblanquiazul Natalio Lorenzo. Mano a su oreja en la celebración.
Lejos de resignarse, el Tenerife apretó en el alargue (10 minutos) y tuvo el 3-2. En concreto, David Rodríguez. Pero no hubo más. Primer empate de la temporada en el Heliodoro. Un paso más, aunque sea corto. Tenía razón Cervera al decir que ahora va a costar más ganar.