El Barça de balonmano de los 90 pasó a los anales del deporte con seis Copas de Europa, cinco de ellas seguidas entre 1996 y 2000. De la mano de Valero Rivera, con mayoría de jugadores catalanes y el firme apoyo de la Junta con el presidente Josep Lluís Núñez a la cabeza, el Dream Team azulgrana hizo historia.
Uno de sus referentes fue el granollerense Enric Masip, un central de época que cambió el Vallès Oriental por el Palau. Junto a él, Iñaki Urdangarin, Oscar Grau, Xavi O'Callaghan, Carlos Ortega, Fernando Barbeito, Rafa Guijosa, Veselin Vujovic (mejor jugador del mundo por entonces), Zlatko Portner, Tomas Svensson, Mateo Garralda o Andrei Xepkin, entre otros.
Este jueves el Barça recibe al RK Zagreb (20.45 h), el rival que como Badel Zagreb perdió ante el Barça finales seguidas de la antigua Copa de Europa en 1997, 1998 y 1999. Aprovechando ese duelo, Valero Rivera y Enric Masip hicieron un hueco en sus agendas para hacer un repaso a la historia en la redacción de SPORT.
Los inicios
Valero Rivera llevaba años compaginando su faceta de entrenador en el Colegio Sagrada Familia con la de jugador y se retiró tras disputar los 60 minutos en el título copero de 1983. "Me ofrecieron ser segundo entrenador o seguir jugando y decidí ser segundo. Meses después destituyeron a Sergi Petit y me quedé hasta final de curso, que me lo repitieron. Salió todo muy bien, ganamos hasta la Recopa y me quedé otra temporada. Así hasta 21", comentó.
"Al entrar en el club con 14 años, siempre pensé que el Barça debía tener una base sólida de casa. O muy cercana, como es el caso de Enric (Masip). O por lo menos española. Al Dream Team vino gente muy importante, como el sueco Thomas Svensson (entrenador de porteros del Barça actual), o Andrey Tchepkin, que vino de Rusia y después se nacionalizó, pero los demás fueron de aquí... de Cataluña, o de España. Antes llegaron Veselin Vujovic, Zlatko Portner o Bogdan Benta", insiste.
Masip llegó del Granollers en 1990 y no fue fácil, "porque mi padre había jugado allí y le hacía ilusión que me quedase. Mi corazón es blaugrana. Fue un orgullo y un honor que Valero se fijara en mí. Era el club de mis sueños. Pasé de jugar contra mis ídolos a compartir vestuario con ellos. La exigencia era máxima, con un liderazgo muy importante de Valero que en la pista lo ejercía Vujovic".
"Nunca había visto un vestuario tan profesional, con una disciplina que marcaba la implicación de todos y en la que insistía mucho Valero. Así consiguió que todos pasásemos por el mismo aro. A veces costaba, porque había mucha presión. Para sentir el club, era muy importante esa base de jugadores de casa y nacionales, que es el proyecto de cualquier gran entrenador, como nuestro querido Johan Cruyff", recuerda uno de los 'pesos pesados' de la precandidatura de Joan Laporta.
La primera Copa de Europa
El Barça había ganado tres Recopas (dos con los míticos 'fly' de los extremos Joan Sagalès y Eugeni Serrano) y empezaba a dominar en España. Tras perder la final en 1990 ante el SKA Minsk de Barbashishki, Yakimovich o Tuchkin, llegó la primera Copa de Europa en 1991 a doble partido ante el Proleter yugoslavo.
"Todo empezó a forjarse en esa Copa de Europa de 1991, porque ya estaban Enric (Masip) y también Iñaki (Urdangarin). La ida de la final la jugamos en Zrenjanin (23-21), un mes antes del inicio de la guerra de Yugoslavia. Aquello era una emboscada. Años antes nos había remontado seis goles la Metaloplastic; aquel equipo histórico con Vujovic nos ganó allí por nueve. Esas cinco copas de Europa no fueron fáciles y estamos muy orgullosos, porque en la pista el equipo fue uno", explica Rivera.
Masip recuerda que dos horas antes de la vuelta en el Palau (20-17), "había 4.000 personas haciendo cola, hasta Travesera de les Corts. No podía creer que eso pasara en el balonmano. Fue una explosión para ganar la primera Copa de Europa del balonmano español. Había gente en las escaleras y fue un partido a cara de perro, porque ellos demostraron lo que era un equipo yugoslavo, de provocar, de llevar el juego al terreno sucio. Recuerdo a Vujovic con la camiseta reventada".
Rivera explica una variación providencial: "Recuerdo al central Basic (Dragan), que era el diablo vestido de deportista. Ellos defendían 5-1, mejor dicho 3-2-1, y masacraron a Vujovic y a Portner, así que ganamos por los extremos. Además, entre Lorenzo (Rico) y David (Barrufet) pararon cuatro penaltis. Enric a veces jugó en la derecha. Nuestra opción eran los extremos, con Serrano y Sagalés. Hicieron un partidazo y ganamos porque tuvieron una efectividad máxima".
Y recuerda una anécdota con el 'president'. "En la cena con la directiva, el señor Núñez que en paz descanse, me dijo... 'oye, Vujovic no ha estado bien, ¿verdad?' Y le dije, es que han ido mucho a por él y a por Portner; con esa defensa teníamos que meter por los extremos'. Y me contestó... 'Me lo podrías haber dicho antes para que no hubiese sufrido tanto' (ríe). Nosotros tuvimos que ir cambiando de defensa. Me acuerdo que pasamos de 6-0 a 3-2-1, y de 3-2-1 a 5-1", añadió.
Las tres seguidas
Para Masip, la clave era que todo el mundo "tenía muy claro el liderazgo del entrenador, que contaba con toda la confianza del presidente y la sección estaba en sus manos, con la ayuda del señor Catot (Francesc), un directivo maravilloso. En España nos daban terceros favoritos en la Liga 1995-96 y la ganamos. Y la Copa de Europa contra el Bidasoa. No éramos conscientes de lo que podíamos hacer. Valero cambió la defensa a una 3-2-1 muy abierta y eso implica mucho riesgo, actitud y mucha presión".
"Durante la temporada nos fuimos dando cuenta de que esa fórmula ahogaba a los rivales, que no sabían qué hacer. Y nosotros disfrutábamos jugando tan velozmente. Fue muy revolucionario. En Champions a los cinco minutos ganabas por 8-1 y sin sacar de centro rápido. Fuimos los primeros en pasar de los 30 goles cuando se iba a 25 o no se llegaba a los 20", añade el catalán.
Valero Rivera recuerda que en la temporada 1995-95 "lo ganamos todo. El equipo era joven. Siempre sentí que el equipo creía en lo que hacíamos y el éxito se basó en que creyeron en la forma de trabajar, de defender y de correr. Rafa Guijosa era una bala. No había jugado nunca en ninguna selección española y en el Barça acabó siendo el mejor jugador del mundo como extremo. Y el fichaje de Andrei Xepkin fue clave en defensa y en ataque. Formó una dupla imparable con Enric por el centro".
"Ganar tres años, siempre contra Zagreb y siendo muy superiores, es muy difícil. En la tercera nos amenazaron y llegamos a Zagreb con una seguridad inaudita. Cortaron del aeropuerto al hotel y en cada esquina había una tanqueta. He visto un reportaje en TV3 y teníamos cara de asustados. En la pista estaba tranquilo, porque llevábamos mucha seguridad", señala Valero.
En la pista, Masip quería que no pasase nada, "porque había habido remontadas y el único miedo era que pasara algo con el arbitraje. Lo demás era una confianza absoluta en lo que hacíamos. Creo que en ese partido empujaron a un árbitro. Creo que en esos partidos tuvimos arbitrajes imparciales, que no era fácil. Además, los dos primeros años se habían hecho los deberes en el Palau, porque no es lo mismo ir con un gol que con ocho (1997) y nueve (1998) como fuimos".
'Milagro' contra el Kiel
La última obra de arte fue la quinta Copa de Europa seguida en 2000 ante un gran Kiel. "Tenían una maravilla de equipo con los suecos (Stefan) Lövgren, (Magnus) Wislander, Staffan Olsson. Y después (Nenad) Perunicic y el seleccionador danés, (Nikolaj) Jacobsen. Esa final era muy difícil y había mucha presión, al menos yo lo sentí así. Estaban en el Palau el Rey y la Familia Real. Hicimos dos partidazos. Allí nos apretaron mucho y perdimos por tres", añade el aragonés.
Tras una pequeña discusión sobre el transcurso de la vuelta, Enric Masip recuerda que fue una final "tremendamente igualada. En la ida habíamos perdido por 28-25 y en la vuelta todo se decidió en las dos últimas acciones. Con 28-24, Xepkin bloqueó un lanzamiento de Perunicic que nos habría llevado a la prórroga y yo marqué desde el centro de la pista el 29-25".
Alabanzas al Barça actual
En la época de Valero Rivera tan solo podían jugador dos extranjeros, fuesen o no comunitarios (hasta 1997), pero el técnico "habría hecho lo mismo. Yo quería que la base del equipo fuese nuestra e ir a buscar fuera tan solo lo que no teníamos aquí. Me encanta el primer equipo de ahora, porque se está viendo que el Barça trabaja muy bien en la base y que el entrenador (Carlos Ortega) se fija en las categorías inferiores. Es el mejor camino para que siempre haya poso".
Masip recuerda que en la época del Dream Team "el club bajó el presupuesto. Nos dijeron que había que apretarse un poco el cinturón y el entrenador no iba haciendo ruedas de prensa llorando. Lo que hacía era trabajar por el bien del club, porque se entendía que al final esto es un club de fútbol y que nosotros estábamos aquí para ayudar. Y oye, todo el mundo se arremangaba y se ponía a trabajar, que es algo que hoy en día también pasa".
"Si una estrella se quiere ir, adiós. Encontraremos a otro. Y si no, traerás a uno de casa, que se dejará las narices. Desde que recibió el equipo, Ortega ha tenido que ajustarse por el Fair Play del fútbol y el equipo ha estado siempre en la Final Four y espero que este año repita. Estamos orgullosos de este proyecto que empezó en 2021 con más gente de la casa y con la mentalidad de Valero cuando en el 83 o en el 90 se empezó a forjar los equipos campeones", concluyó Enric Masip.