Es tan irreverente como descarado. Entra en un duelo medio muerto, casi sentenciado y ante un rival que tiene ya un pie en el descenso. Y, para colmo, en el horario de la siesta. Y ante un Spotify Camp Nou que tampoco era una caldera precisamente. Todos los ingredientes invitaban a irrumpir en el Barça-Levante a medio gas, colaborando para seguir controlando el encuentro pero sin forzar la máquina para evitar lesiones o disgustos. Pero esta actitud no va, para nada, con Fermín López.
Leer la noticia completa