La película titulada El hombre de dos reinos retrata los últimos años de vida de Tomás Moro (1478-1535), influyente jurista, teólogo y filósofo que nos legó la obra conocida como Utopía (publicada en 1516) en la que se describe la organización de una sociedad ideal, pacífica, establecida sobre la propiedad común de los bienes y la elección de gobernantes. Si bien la película se concentra en el rechazo de Moro al divorcio del rey Enrique VIII para que este pueda casarse con Ana Bolena y el consiguiente desprecio a la Iglesia Católica por parte del monarca para dar nacimiento de la Iglesia Anglicana a la cabeza del rey, podemos encontrar en la película un ilustrativo diálogo en el que Moro discute con su futuro yerno respecto a la necesidad de respetar la ley y no tergiversarla o utilizar atajos para condenar a un delincuente.
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La escena en la que discurre el diálogo es más o menos la siguiente. Tomás Moro expresa que incluso el diablo tiene el beneficio de la ley. El futuro yerno de Moro le reprocha que para perseguir al diablo se debe estar dispuesto a saltar todas las leyes de Inglaterra, frente a lo cual Moro le recrimina que una vez que haya saltado todas las leyes humanas, una vez que se las haya destruido todas ¿qué haría si el diablo se diese la vuelta y quedara frente a él?, ¿dónde se escondería, si las leyes fuesen planas? Y Moro añade que la condición de existencia de Inglaterra se encuentra en las leyes y que sin ellas nadie podría quedar erguido en medio de la tormenta que se viviría en la anomia, entonces Moro reitera que por supuesto le daría el beneficio de la ley al diablo en aras de nuestra propia seguridad.
En un tono similar el jurista argentino Eugenio Zaffaroni decía que hablar de un Derecho penal garantista en un Estado de Derecho es una grosera redundancia, pues no puede haber otro Derecho penal que el de las garantías, así –y esta vez siguiendo a Luigi Ferrajoli– todo ser humano debe gozar de garantías, en particular del principio de inocencia y del principio de legalidad, el primero se expresa en la presunción de inocencia mientras que no se establezca judicialmente la culpabilidad, y el segundo afirma que nadie puede ser condenado por acciones u omisiones que en el momento de cometerse no fueran expresamente declaradas delictivas por el Derecho aplicable. Para el personaje de Tomás Moro en la película El hombre de los dos reinos estas garantías deben aplicarse incluso al mismo diablo, en tanto si este nefasto personaje está protegido por el Derecho, podemos asegurar que nosotros también lo estaremos. Así el adagio que dice con la vara que mides serás medido significa que el trato, juicio o severidad que se aplique a los demás será el mismo que recibirás tú en el futuro como consecuencia de tus actos.
Dicho todo esto, un gobierno que destruye las leyes y sus garantías se abre a la posibilidad de que dicha anomia se aplique también a ellos, generando un círculo vicioso en el que lo que queda del Derecho sea utilizado como herramienta de persecución y venganza.
(*) Farit Rojas T. es docente investigador de la UMSA.
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