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A ver si al final nos cargaremos al Barça

No se dejen intoxicar: las elecciones del Barça no son ningún problema. Se ha puesto de moda decir que ojalá terminen pronto y nos volvamos a concentrar en lo único importante, que es el fútbol. ¿Qué concepto de la democracia tienen los que consideran una carga unas votaciones?

En el barcelonismo hay desde hace tiempo una corriente de frikis que tienen nostalgia del madridismo autocrático, barcelonistas que sueñan con dictablandas, eso sí, solo si es a favor de los suyos. Después de tirar a Unicef a la papelera de la historia y flirtear con los regímenes abyectos de Oriente Próximo, lo único diferencial que le queda al club son estas necesarias elecciones, donde, a pesar de todo, se plantean propuestas interesantes, se fiscaliza la gestión y se combaten ideas con más o menos fortuna.

Hasta aquí la imperfecta democracia blaugrana, siempre preferible a la oligarquía blanca, con control de los medios y autoritarismo indiscutido. Sin embargo, en el Barça, las familias que se disputan descarnadamente la presidencia desde hace varias décadas confunden la pluralidad con el descuartizamiento del contrincante solo por asaltar el poder.

Hace unas semanas tuvimos conocimiento de una demanda múltiple presentada en la Audiencia Nacional (¡en la Audiencia Nacional!) contra la junta saliente por delitos tan altisonantes como blanqueo de capitales y cobro de comisiones indebidas. Tardamos poco en saber que la denuncia la había presentado un socio dado de alta el día antes (¡el día antes!) y militante de Vox (¡de Vox!).

Es difícil imaginar una maniobra más burda, interesada y rastrera, hecha con el solo interés de tirar porquería sobre Laporta y sus directivos. Los socios pueden y deben tener el derecho a fiscalizar y denunciar lo que crean oportuno, pero teniendo todo el mandato para hacerlo, es más que sospechoso que alguien se dé de alta un jueves para denunciar un viernes, y hacerlo además en plena campaña electoral con la única finalidad de tirar porquería sobre una candidatura.

Si la maniobra pretendía perjudicar a Laporta, ha conseguido el lógico efecto contrario de provocar más votos a su favor, víctima de una maniobra rastrera. Grave error también de la oposición, que debería haber sido mucho más contundente, desmarcándose de la demanda y expresando su solidaridad con Laporta. Hay límites que no pueden traspasarse, y punto.

Esta es la única cuestión relevante de la cutre-demanda: los ismos barcelonistas están dispuestos a lo que sea para triturar al contrario, aunque sea destrozar el propio Barça. Un club, que como resultado de otra guerra civil pasada, está solo a una condena de desaparecer.

No, para alcanzar el poder no vale todo. A ver si de tanto agitar el árbol, de tanto judicializarlo, un día se lo cargan. Por suerte, es un árbol más que centenario del cual, a pesar de las batallas internas, van brotando Lamines, Fermines y Pedris como si no hubiera un mañana. El Barça de verdad que siempre salva al Barça miserable.

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