Hay días en los que el fútbol se resume en una pizarra. Y otros en los que se resume en un mensaje de voz desde miles de kilómetros, una conexión inestable, el ruido de fondo de una ciudad que nunca has pisado. A Pablo Grandes le toca vivirlo así: lejos, intenso, rápido. "Día a día muy intenso. Todo", dice. Y antes de que le dé tiempo a hablar de ligas, de proyectos, de estrellas que aterrizan en el desierto, se le escapa lo primero que echa de menos: "Por supuesto, se echa de menos a la familia, porque aquí vine solo".