Lance Stroll avanzó el jueves que nada funcionaba como se esperaba en el nuevo AMR26 y Fernando Alonso y Pedro de la Rosa lo constataron ayer con otro tipo de discurso, menos beligerante y más constructivo que el demoledor canadiense. Es lento, no es conducible ni preciso, desliza continuamente, no entrega la energía al nivel de sus rivales y, lo más importante, no es capaz de dar más de siete u ocho vueltas consecutivas, algo primordial a la hora no ya de progresar, sino a la hora de descubrir lo que está sucediendo de forma global.