Cuando el Atlético es ambiental se impone el rock and roll. Eso siempre ha pasado, en el Calderón, y en los dos Metropolitanos, en el de ahora y en el original por lo que relatan algunos veteranos rojiblancos. Fútbol meteórico, de robar y acuchillar con toques precisos. Y cuando eso sucede, puede emerger un Atlético del copón. Con Griezmann magistral para meter la llave y abrir la portería de Joan García para él mismo y para sus compañeros. Un veterano con mucha clase inspirado en la creación en los últimos metros con todo lo que eso conlleva en una noche grande. Y la de anoche lo era. Griezmann lideró un fútbol que enciende a la grada y puede achatar a cualquiera. Esta vez fue el Barça de Flick, muy rebajado sin Pedri y Raphinha, el que se llevó una tunda de las que el entrenador alemán ha propiciado muchas veces con el Bayern y también como entrenador azulgrana. Cuatro goles en el primer tiempo para digerir y Simeone y sus jugadores despedidos al intermedio en medio de una ovación atronadora y recibidos para el segundo acto al ritmo del estoniano (I Can’t get no) Satisfaction.