La normativa de la UEFA concede una hora exacta al equipo visitante sobre el césped del estadio para que realice el entrenamiento previo. Y la cuenta atrás, fijada en los dos marcadores electrónicos del Europa-Park Stadion, se activó en el momento exacto en que se había programado, cuando la plantilla céltica aún no había aparecido sobre el impecable césped. Carreira, el primero en surgir del túnel de vestuarios junto a Pablo Durán, se apresuró al verlo.
–Entramos ya –le anunció a uno de los ayudantes de Claudio.
El Celta despidió a los medios de comunicación, tras los quince minutos abiertos que son preceptivos, jugando al corro. Una imagen de inconsciencia casi infantil pese al ambiente que les espera esta noche. No se engaña Jutglà, que en la visita previa a la cancha se había fijado en que en los dos fondos se han retirado los asientos. «Ya te hace indicar que la gente estará de pie, cantando y animando. Nos tendremos que adaptar y jugar nuestras armas».
Puntualidad y fragor. Disciplina y furia. Las dos pulsiones del alma alemana, como ya pudo Claudio comprobar en el MHP Arena. «Stuttgart ha sido un aprendizaje», asegura el entrenador, confiado en que sus jugadores sepan sobrevivir a ese infierno verde. Porque el Europa-Park, donde los tranquilos ciudadanos de Friburgo se soltarán las riendas, se incluye entre los estadios más sostenibles del planeta con su techo solar de 6.200 módulos, que podría cubrir las necesidades anuales de 1.600 viviendas.Y ahí, sin ahorrar energía, estará un millar celeste. «Te hace sentir el cariño de tu aficion de cerca, aquí tan lejos de Vigo; gente que trabaja, que se gasta su dinero», se enternece Jutglà, que promueve el despilfarro: «Lo mínimo que tenemos que hacer es darlo todo».