El pasado 17 de marzo Tiger Woods se vio implicado en un accidente de tráfico en Florida. Su Land Rover, a gran velocidad, impactó contra el remolque de una camioneta y volcó en medio de la calzada. Ni el legendario golfista, que viajaba solo, ni el conductor del otro vehículo resultaron heridos.
Cuando llegó la Policía al lugar del suceso Woods negó haber ingerido alcohol, pero no quiso someterse al test de alcoholemia. Reconoció, sin embargo, estar bajo medicación y se le encontró en los bolsillos dos pastillas de hidrocodona, un potente analgésico opioide. Las autoridades revelaron que durante su arresto tenía los "ojos vidriosos" y caminaba de forma "letárgica".
Llevado a las dependencias policiales Tiger se sometió dos veces a una prueba de alcoholemia para medir su alcohol en sangre y en ambas ocasiones el resultado fue 0,00.
Inicialmente, el ex número uno mundial se había declarado inocente de los cargos menores de conducir bajo la influencia de sustancias y causar daños a la propiedad y de negarse a someterse a una prueba legal.
Ayer, sin embargo, pactó con Fiscalía declarándose culpable de conducción negligente y temeraria, y se le retiraron los cargos que podían haberle llevado a la cárcel. A cambio, Woods pierde la licencia de conducir durante 5 años y deberá pagar 1.500 dólares por los nuevos cargos que le impuso la Fiscalía.
Si por cualquier motivo llegara a conducir durante este periodo de tiempo, "volvería inmediatamente a la cárcel", le dijo el juez Darren Steele durante una breve audiencia en el Tribunal del Condado de Martin, en Stuart (Florida).